martes, 4 de agosto de 2026

MMPI-2

INFORME DE EVALUACIÓN DE PERSONALIDAD ADULTOS

DATOS DEL PACIENTE

Nombre:
B.                        CC: ...
Edad ...                               Fecha de atención: 22 - 07 - 2026

PRUEBAS APLICADAS


Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota-2

Bajo                 <45
Promedio        45-64
Alto                  >
65

1. Escalas de validez

Estas escalas permiten determinar si la persona respondió de manera consistente, honesta y comprensible. Antes de interpretar el perfil clínico, primero se revisa esta sección.

VRIN – Inconsistencia de Respuesta Variable (T=73): Alto. Inconsistencia significativa entre las respuestas a reactivos de contenido semejante u opuesto, posiblemente relacionada con fluctuaciones atencionales, descuido, dificultades de comprensión o cambios en el criterio de respuesta durante la aplicación.

TRIN – Inconsistencia de Respuesta Verdadera (T=50): Promedio. Ausencia de una tendencia relevante a responder de manera indiscriminadamente afirmativa o negativa, con equilibrio general en el patrón de respuestas verdadero-falso.

F – Infrecuencia (T=68): Alto. Cantidad elevada de respuestas poco habituales en la población normativa, asociada con reconocimiento de malestar psicológico, percepción de múltiples dificultades o experiencias subjetivas inusuales.

Fb – Infrecuencia posterior (T=66): Alto. Incremento de respuestas infrecuentes en la segunda parte del instrumento, compatible con persistencia del malestar reportado o con variaciones en la calidad y consistencia de las respuestas conforme avanzó la aplicación.

Fp – Psicopatología Infrecuente (T=70): Alto. Aprobación elevada de contenidos poco frecuentes incluso entre personas con dificultades psicológicas, que obliga a considerar experiencias particularmente atípicas, interpretación muy negativa del funcionamiento o posible amplificación del malestar, sin permitir inferir intencionalidad por sí sola.

L – Mentira (T=39): Bajo. Escasa tendencia a negar defectos humanos comunes o a ofrecer una imagen ingenuamente virtuosa, con mayor disposición a reconocer limitaciones, inconformidades o aspectos personales desfavorables.

K – Corrección (T=56): Promedio. Nivel habitual de control y defensividad, sin indicios relevantes de minimización encubierta de las dificultades ni de apertura personal excesiva.

S – Autopresentación superlativa (T=53): Promedio. Ausencia de esfuerzos significativos por proyectar cualidades personales excepcionalmente favorables, elevada adaptación psicológica o funcionamiento superior al esperado.

2. Escalas clínicas

Estas escalas evalúan patrones emocionales, cognitivos, conductuales e interpersonales.

Hs – Hipocondriasis (T=60): Promedio. Preocupación por la salud y el funcionamiento corporal dentro de parámetros esperados, sin predominio clínicamente significativo de focalización somática o expresión del malestar mediante quejas físicas.

D – Depresión (T=65): Alto. Desánimo, insatisfacción, malestar afectivo, percepción disminuida de los propios recursos y posible reducción del bienestar subjetivo, con tendencia a vivenciar las demandas de manera más pesada o desalentadora.

Hy – Histeria (T=60): Promedio. Ausencia de una tendencia clínicamente significativa a expresar el estrés principalmente mediante síntomas físicos, minimizar conflictos emocionales o sostener una apariencia de ajuste como rasgo predominante.

Pd – Desviación Psicopática (T=64): Promedio. Inconformidad frente a restricciones y sensibilidad a límites externos dentro de márgenes esperados, sin predominio de conflictos persistentes con la autoridad o dificultades marcadas de adaptación normativa.

Mf – Masculinidad-Feminidad (T=89): Alto. Intereses, preferencias, actitudes y sensibilidades marcadamente diferentes de los patrones masculinos tradicionales del grupo normativo. La elevación no permite realizar inferencias sobre orientación sexual o identidad de género.

Pa – Paranoia (T=68): Alto. Vigilancia interpersonal, sensibilidad a la crítica, suspicacia y tendencia a interpretar determinadas acciones de los demás como desfavorables, injustas o potencialmente amenazantes.

Pt – Psicastenia (T=76): Alto. Ansiedad elevada, tensión interna, inseguridad, dudas, autocrítica y rumiación, con posible interferencia sobre la concentración, la toma de decisiones y la capacidad para desprenderse de preocupaciones persistentes.

Sc – Esquizofrenia (T=80): Alto. Sensación de extrañeza, aislamiento o incomprensión, experiencias internas poco habituales y posibles dificultades para mantener claridad, coherencia y organización cognitiva bajo tensión. La elevación no equivale por sí misma a un diagnóstico psicótico.

Ma – Hipomanía (T=69): Alto. Activación psicológica y conductual elevada, energía, inquietud, aceleración del ritmo de pensamiento o actividad, impaciencia, irritabilidad y menor tolerancia a la frustración, con posible tendencia a responder de forma apresurada.

Si – Introversión Social (T=62): Promedio. Reserva, privacidad e incomodidad social leves dentro de márgenes esperados, sin predominio de retraimiento o aislamiento interpersonal clínicamente significativo.

Conclusión:

El perfil debe interpretarse con cautela debido a la elevación de VRIN y a las puntuaciones altas en F, Fb y Fp. Esta combinación sugiere inconsistencias en parte del patrón de respuestas y un reporte de experiencias o dificultades poco frecuentes, lo que puede corresponder a malestar psicológico importante, vivencias subjetivas inusuales o posible amplificación del malestar. Sin embargo, TRIN se mantiene en rango promedio, L aparece baja  y K y S no muestran defensividad marcada, por lo que no se observa una tendencia predominante a minimizar las dificultades ni a ofrecer una imagen excesivamente favorable. En conjunto, el protocolo permite una interpretación provisional, aunque las inferencias deben formularse con prudencia.

Los rasgos clínicos más relevantes se organizan alrededor de ansiedad intensa, rumiación, desconfianza
interpersonal, activación conductual y experiencias de extrañeza o desorganización bajo tensión. La elevación de Psicastenia describe un funcionamiento marcado por tensión interna, inseguridad, dudas persistentes y autocrítica, con tendencia a preocuparse en exceso y a revisar mentalmente las situaciones de manerarepetitiva. Esta carga ansiosa puede afectar la concentración, la claridad mental y la toma de decisiones, especialmente cuando las demandas son ambiguas o emocionalmente exigentes.

La elevación de la escala Sc se relaciona con experiencias de incomprensión, aislamiento subjetivo, pensamiento poco habitual o dificultad para conservar claridad y organización cognitiva bajo estrés, sin que ello deba interpretarse directamente como un diagnóstico. En este perfil, dicha elevación parece vincularse a la combinación de malestar interno, rumiación y percepción de extrañeza, favoreciendo momentos de confusión, distracción o dificultad para organizar las ideas cuando aumenta la tensión emocional.

A nivel interpersonal destacan la elevación de Paranoia y la ausencia de una introversión social clínicamente marcada. Esto sugiere que, más que retraimiento generalizado, puede predominar una actitud vigilante, sensible a la crítica y cautelosa frente a las intenciones de los demás. La persona podría tender a interpretar ciertos comentarios o conductas como desfavorables, responder con reserva defensiva y mostrar dificultad para confiar plenamente, especialmente en contextos exigentes o ambiguos.

En el plano conductual, la elevación de Hipomanía aporta energía, inquietud, aceleración del pensamiento o de la actividad, impaciencia e irritabilidad. La coexistencia de ansiedad y activación puede favorecer respuestas apresuradas, menor tolerancia a la frustración, dificultad para regular el ritmo de actuación y oscilaciones entre la sobreimplicación y el desgaste. La elevación de Depresión añade malestar afectivo, sensación de carga y percepción disminuida de los propios recursos, de modo que el funcionamiento puede combinar activación externa con preocupación, desánimo y tensión interna.

La escala Masculinidad-Feminidad elevada describe intereses, actitudes, preferencias y sensibilidades alejadas de los patrones masculinos tradicionales del grupo normativo. Este hallazgo no representa por sí mismo psicopatología ni permite inferencias sobre orientación sexual o identidad de género, pero sí aporta información sobre un estilo personal menos ajustado a convenciones normativas de rol de género.

Las escalas Hs, Hy, Pd y Si se mantienen en rangos promedio, lo que ayuda a delimitar el perfil. No se observa que la preocupación somática, la expresión física del estrés, la oposición persistente a normas o el aislamiento social marcado constituyan los ejes principales del funcionamiento, aunque algunos de estos rasgos puedan aparecer de manera secundaria.

En conjunto, el MMPI-2 describe una personalidad caracterizada por ansiedad elevada, rumiación, malestar afectivo, vigilancia interpersonal, activación e inquietud, junto con posibles experiencias de extrañeza o desorganización cognitiva bajo tensión. Estos rasgos pueden manifestarse en dificultades para regular la respuesta emocional, mantener claridad mental, tomar decisiones con calma y sostener vínculos de confianza estables, por lo que deben integrarse con la entrevista clínica, la observación conductual y las demás fuentes de información disponibles.

martes, 28 de julio de 2026

midazolam

La Empresa Social del Estado Hospital de Guatavita es la entidad que ofrece cobertura de salud al municipio de Guasca, a través de su Centro de Salud. Este Centro funciona las veinticuatro horas del día, puesto que también atiende urgencias.

Allí, sentí el beso de un poco de midazolam y tuve un precario sueño inducido de un par de horas, que sólo es un suspiro de negrura áspera. Vaya noche...

Entonces, el frío que se siente en la mañana, al interior del Centro de Salud, da la sensación de que se estuviera a la intemperie, y despierta como el vómito que por fin libera de las náuseas: acaba el malestar, pero queda la derrota de la victoria.

Hay ruidos, niños lloran, teléfonos, quejas. Y todo ello profundiza la sensación de fraude, de falsedad.

Pero, en un pequeño guiño del destino, es posible presenciar una habitación blanca, acariciada por el Sol matutino y las luces artificiales del techo, con una camilla cubierta con unas viejas sábanas limpias, invitando a dormir, ser operado y morir ahí (y seguir durmiendo). No es que haya pureza, redención o esperanza; sólo hay y basta un poco de sosiego.

¿No es eso lo que queremos todos, en el fondo?


jueves, 16 de julio de 2026

¿me odio?

Me odio por existir. Me odio por llegar a "esto". Me odio por no poder sobreponerme a mis "emociones", por no poder controlarlas, puesto que ni siquiera creo entenderlas del todo. Me odio por odiarme. Me odio porque no me odio lo suficiente para poder acabar con todo. Me odio porque me da miedo morir. Me odio porque decir que "me odio" es patético y hasta falso. Me odio porque puede que no me odie, verdaderamente. Me odio porque, aunque digo que me fallan las palabras, la verdad es que quien falla soy yo. Me odio porque no sé si pueda amar. Me odio porque es más sencillo ese verbo que otro. Me odio porque, en el fondo y pese a mi edad, sigo siendo un niño confundido que no entiende el mundo y se siente solo. Me odio porque siento que todo esto es mi culpa y no sé qué hacer.

lunes, 23 de febrero de 2026

happy meal

Siendo completamente honesto, no puedo referirme a ámbitos laborales o familiares, o, incluso, a ámbitos de amistad o de ser conocidos “normales”. Usted sabe: las circunstancias de nuestra coincidencia y el ímpetu del interés se han dado en un espacio “raro”, incluso para estos tiempos confusos y jodidos, aun si lo raro de un internet relay chat entre extraños es, de hecho, menos raro que el espectáculo exhibicionista entre “conocidos” y “amigos” que hoy en día es la norma.

En cualquier caso, lo que escribo sólo se circunscribe a la dimensión personal y directa que, en el mar de ceros y unos (lo digital), hemos construido. O sea, mis observaciones y comentarios no son ni pueden ser un juicio objetivo, amplio y sentencioso que diga qué es o qué no es Camila Barrios; no de una forma totalizante ni cerrada; así como, tampoco, de una forma que capte todas las Camilas que son usted misma, al tiempo, sin invalidar los demás rostros y máscaras (y confusión de rostros y máscaras) que ha de emplear cuando la ocasión lo precise.

Dicho lo anterior (que sólo reflejo lo que usted me ha mostrado, sin subestimar ni sobrestimar aquello que -de hecho- no conozco), también reconozco un enorme sesgo insalvable: mi admiración fija por usted, como devoto obnubilado por la iconografía, que justifica y enaltece todo lo que opta por compartir.

Sin duda, eso tiñe estas palabras y mil pensamientos más con el violeta exclusivo de la guarda pretoriana que cuidaba a los emperadores romanos o el azul grisáceo de las agonizantes tardes de primavera (exasperadas de tanta vida), afirmando, con absoluto convencimiento, que aún lo atroz e indecible es purificado y resignificado al ser hecho o concebido por usted, en sus días de enfermedad, en sus noches de febrilidad, en tardes de perdición, o mañanas de iluminación.

Así, sólo me queda decir que Camila, Camilita, no es “una buena para nada”. No porque -repito- pueda afirmarlo en toda la extensión de su ser y su vida (que, por lo demás, no conozco pero que sí quiero conocer toda, maravillado); sino porque eso que veo, desde el umbral de la puerta entreabierta, me dice que es así, me dice que…

...Camila es buena echando chistes y bromeando, que es ocurrente, demasiado inteligente, que conoce muchas cosas y puede relacionar ideas disímiles y lejanas para dilucidar lo imprevisto, que lee mucho (en serio, mucho), que es sensible y perceptiva, que es genuina, que es abierta y tolerante pero con los juicios e ideas justas para este mundo detestable, que es enigmática y encantadora, silenciosa y detallista, orgullosa, tan sútil como un gato centinela y, al tiempo, juguetona y desbordante como un gato cazador, es sabia y buena consejera y contertulia, es honesta, críptica, ingenua y mordaz, es un viaje de ida a la belleza universal y de regreso a la fealdad singular, es el respeto amistoso pero formal, un cúmulo de anécdotas simpáticas y chistosas y melancólicas y solitarias, sé que es buena hermana (aunque sus hermanos no opinen lo mismo al recordar sus pedos) y una hija “divertida” que siempre está, a su modo, lo suficientemente explosiva y directa para no guardarse nada, pero, también, para disculparse y sentir remordimiento, que no teme contradecir ni recoger sus ideas o palabras ante el error, que, aún muriente por el dolor de su casa incendiándose, se levanta todos los días a vivir lo más plenamente posible, con la fuerza de su espíritu y la voluntad de su corazón ardiente.

Eso, todo eso, no es ser una “buena para nada”. Otro día vendrá en el que la luz que emana de usted se torne evidente para más personas; por hoy -y por los demás días amargos que vengan-, trate de verlo y sólo descansar, por favor.

Y recuerde: usted es su propio refugio.


***


Hay una frase espuria de Nietzsche (espuria porque no la dijo, verbatim, sino que es una interpretación más libre de un aforismo): “quien tenga un porqué para vivir, puede soportar cualquier cómo”.

Con frecuencia he pensado que el problema central de muchas vidas (o al menos de la mía, para no pretender plurales que no merezco) es la falta de sentido. Este otorga un rumbo y destino, un fin, un camino. Teniendo eso (poca cosa, ¿no?¡Ja!), lo demás es secundario: ¿quiere escribir? El hambre no importa, ¿quiere la revolución? El sacrificio es bienvenido, ¿quiere la igualdad? La ruina es temporal, ¿quiere gloria? Guerra siempre habrá, ¿paz perpetua? Bajar a Dios del Cielo tardará. En fin, los proyectos inagotables son sendas abiertas a quienes decidan dedicar sus ocho décadas de vida -en promedio- a estos.

No obstante, el problema, en el fondo, sigue igual. El sentido de la vida no se halla en la Biblia, en manifiestos, en novelas, en tratados, en películas, discursos o movimientos. O mejor dicho, sí se halla en estos, pero no está confinado y reducido a estos, como si fuera una pieza pequeña y preciosa de colección; sólo está ahí de forma fragmentaria y temporal. Un pasaje de Jesús sobreponiéndose a la tentación nos puede parecer sublime y exuberante un día, mientras que, al siguiente, nos provoca asco y desprecio por los moralismos pastoriles de hace dos mil años.

El problema del sentido, entonces, toma este cariz: no es cuestión de tomar tal o cual camino, de seguir una causa o enarbolar la bandera opuesta, ser el perpetrador de todas las injusticias o el redentor absoluto; el problema es que, examinadas como verdades o hechos solitarios, como monolitos en los que (mal)gastar la vida, no hay algo por lo que verdaderamente estemos dispuestos a morir y enfrentar todos los cómo y el sinfín de adversidades en el camino, no es posible encontrar una fe inquebrantable y sempiterna en la cual enterrar el sinsentido que es existir, con todo su malestar.

Así, ante tamaña afirmación (muy probablemente falsa, como casi todo lo que ideo), sólo puedo rememorar el sentimiento que cargo de alguna novela: queremos que nuestras vidas sean aventuras, tal como en los libros, que se sientan que somos los protagonistas de lo hechos, que, aun impuestos, son escenarios en los que desplegamos la agencia individual y creadora (poiésis) para obrar en el mundo y transformarlo desde nuestro parecer. No basta más que eso, no basta más que sentir que, por nimia que sea la trama, el día a día se sucede como episodios encadenados de una historia que avanza, que somos autores y personajes principales de nuestra historia particular.

Y, sin embargo, la película sigue, los actos del teatro avanzan, y el público (que somos nosotros mismos, un único espectador sentando entre asientos vacíos) no se da cuenta que el indio de reparto que fue abatido por el vaquero es el que puso título a lo que ocurre en el escenario. Es decir, la vida, nuestra vida, avanza, pero sin nosotros, que hemos caído del caballo que, igual, no iba para ningún lugar (total, nadie nos espera, ¿o no, Los Suziox?).

En cualquier caso, he de conceder esto: ¿ustedes sí tienen su sentido, su historia, y el tiempo discurre hacia el fin que desean? Quizá, yo mismo (ahora sí, primera persona singular) sólo me ahogo en una piscina vacía, me estrello con muros inexistentes, y hago el ridículo escribiendo esto.


***


You look fun to hang around with. Wanna go on an adventure? We can solve mysteries, get drunk and listen to The Smiths. Fucking idiot(s).

domingo, 29 de junio de 2014

Debo dejar de pensar en ella.

 
I'm not going to think about the times she told me she really, really, liked me. I'm not going to think about how incredibly good I felt when she said to me that I was always going through her mind. I'm not going to think about how she suddenly turned around towards me and pushed me with a kiss down to her bed. I'm not going to think about how her eyes looked like, red and teary, when the taxi stopped for me to get in after she said that we should stop seeing each other. I'm not going to think about how enthusiastic she was about things we should do together and how she always said that she wished to see me more, and I thought that we were going to do so, but, after that night, those things still remain to be done and she doesn't look for me anymore.

martes, 17 de junio de 2014

Razones para "no" suicidarse.

Hace un tiempo, no podría precisar cuánto (seis meses, un año, más), emulando una escena de la película "Submarine" (Richard Ayoade, 2010), me preguntaba por razones para no suicidarme. Recuerdo haber esbozado tres "válidas".
 

La primera era que mi papá, mi mamá, mis hermanos y hermana, mi gata y, en general, todo o toda quien de algún modo me quisiera o apreciera no merecían sufrir nada por mí, además, sobre mi familia en especial, no quería que pensaran que era por su culpa o que fuese algo que podrían evitar. La segunda razón, a decir verdad, no la recuerdo con exactitud, pero creo que era el que yo, en realidad, no tenía ningún problema serio o que no había sufrido algo que realmente ameritara el suicidio. La tercera la he olvidado por completo.

Hoy me he repetido la pregunta con vehemencia: ¿por qué no suicidarme? (Y repetía con aún más vehemencia: "[...] un segundo de decisión y triunfarás sobre la miseria y la vergüenza".) Recapitulé las tres razones tal como las expuse arriba. De eso saqué una escabroza reducción: sólo queda una razón para no hacerlo, la primera, y lo cierto es que es una razón triste o, más bien, trágica: en sus consecuencias de eficacia, significa que en cuanto mueran mis padres, seguiré yo. Sobre la segunda, obviando que no estoy convencido si sí es la misma, pude rebatirla... Escribía Cioran: "No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde"; pareciera que con ello, aunque no refuerza mi razón, al menos la acompaña. Pero dentro de ese aforismo hay una trampa que se conjuga con mi segundo argumento para no hacerlo y resulta un argumento antitético que aboga por hacerlo: ¡no hay que dejar que se haga más tarde, cuanto antes mejor! Evitar el sufrimiento desde ya, y que el suicidio no se dé como su consecuencia sino como la forma de salirle al paso y tomar por sorpresa a las lágrimas y la miseria del mañana.

Y con eso sólo queda despedirme, decirles que los quiero, que no es su culpa y que traten de comprender. Entonces seré parte de las tres mil almas que se liberan cada día.

PS. Á. murió en octubre de 2023, y, desde entonces, no ha pasado un solo día en que no le piense.

domingo, 15 de junio de 2014

Gabriel

(Un escrito de S.)

«-Hijo, estás muerto en vida –le dijo a Gabriel.

-Sí, papá, estoy muriente.

A Gabriel el mundo le olía casi todos los días a maldita sea, estaba por cumplir 21 años pero eso a él le parecía lejano, repetía con vehemencia las palabras de Cioran, su autor favorito: 'únicamente tengo la impresión de ser eficaz, de hacer algo positivo, cuando me tumbo para interrogarme indefinidamente y sin objeto' aunque ambiguamente estas representaban también su lucha.
Gabriel tenía pocos amigos y aunque bostezara continuamente no le gustaba sentirse solo, sin embargo bastaba poco para que le diera uno de sus arranques de hastío por un mundo del cual no se sentía parte.

Diario de Gabriel 22 de julio de 2011
Estoy cansado de todo y de nada, de no saber qué hacer, de hacer y no saber, del miedo y de la paranoia, de la frustración y del odio; odio a la gente normal a los que son murientes y como que no piensan, a la gente prepotente, a los extrovertidos, a los que tienen muchos amigos pero que en realidad no tienen a nadie, a mi familia por amarla y despreciarla por no poder escupirlos en la cara y después darles un abrazo, quizás un beso y decirles que los amo tanto que me duele y que tengo el alma rota, odio a los humanistas, la cebolla, los religiosos, a los ruidosos, a los literatos, las estructura de las cosas y cada una de las personas con las que he tenido que ver, todo debería y no debería desaparecer, odio el sin sentido con sentido de las cosas, odio que el expresar las cosas suene tan emo, malditos emos...odio que mi vida no me pertenezca, odio no poder dormir y odio cuando puedo dormir, odio que el tiempo se escurra, odio los idealistas porque son unos pendejos, odio no desear algo lo suficiente, odio los buses llenos ¿enserio todo el mundo es tan autómata?, odio que te tengas que comunicar con otro para sentirte completo, odio que casi todos los días huelan a maldita sea, a trapeadores y escobas sucias, a muebles solitarios, pero sobretodo odio mi ambivalencia, dan ganas de llorar, pero ya no hay lagrimas, solo risas y humos de cigarrillos y momentos de quiero que esto se acabe ya, pero tengo miedo, pero soy tan putamente distinto que me destruyo a mí mismo, soy un alma tan atormentada que por eso intento escribir pero como no puedo, por eso odio a los talentosos, fuck you fuck you porque solo pueden SER, si pisan al otro, odio que me duela estar mucho tiempo sentado también que se ensucien mis pies, no poder dibujar lo que quiero, porque tal vez la imaginación este muriendo y como en las historia interminable "la nada" se esté comiendo todo, odio que las sensaciones sean efímeras y que la música ya no suene igual, perderme en el tiempo y el espacio y que la vida a veces sea como un vaso de agua, sentís la necesidad de tomarla pero al final no sabe a nada...
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