domingo, 15 de junio de 2014

Gabriel

(Un escrito de S.)

«-Hijo, estás muerto en vida –le dijo a Gabriel.

-Sí, papá, estoy muriente.

A Gabriel el mundo le olía casi todos los días a maldita sea, estaba por cumplir 21 años pero eso a él le parecía lejano, repetía con vehemencia las palabras de Cioran, su autor favorito: 'únicamente tengo la impresión de ser eficaz, de hacer algo positivo, cuando me tumbo para interrogarme indefinidamente y sin objeto' aunque ambiguamente estas representaban también su lucha.
Gabriel tenía pocos amigos y aunque bostezara continuamente no le gustaba sentirse solo, sin embargo bastaba poco para que le diera uno de sus arranques de hastío por un mundo del cual no se sentía parte.

Diario de Gabriel 22 de julio de 2011
Estoy cansado de todo y de nada, de no saber qué hacer, de hacer y no saber, del miedo y de la paranoia, de la frustración y del odio; odio a la gente normal a los que son murientes y como que no piensan, a la gente prepotente, a los extrovertidos, a los que tienen muchos amigos pero que en realidad no tienen a nadie, a mi familia por amarla y despreciarla por no poder escupirlos en la cara y después darles un abrazo, quizás un beso y decirles que los amo tanto que me duele y que tengo el alma rota, odio a los humanistas, la cebolla, los religiosos, a los ruidosos, a los literatos, las estructura de las cosas y cada una de las personas con las que he tenido que ver, todo debería y no debería desaparecer, odio el sin sentido con sentido de las cosas, odio que el expresar las cosas suene tan emo, malditos emos...odio que mi vida no me pertenezca, odio no poder dormir y odio cuando puedo dormir, odio que el tiempo se escurra, odio los idealistas porque son unos pendejos, odio no desear algo lo suficiente, odio los buses llenos ¿enserio todo el mundo es tan autómata?, odio que te tengas que comunicar con otro para sentirte completo, odio que casi todos los días huelan a maldita sea, a trapeadores y escobas sucias, a muebles solitarios, pero sobretodo odio mi ambivalencia, dan ganas de llorar, pero ya no hay lagrimas, solo risas y humos de cigarrillos y momentos de quiero que esto se acabe ya, pero tengo miedo, pero soy tan putamente distinto que me destruyo a mí mismo, soy un alma tan atormentada que por eso intento escribir pero como no puedo, por eso odio a los talentosos, fuck you fuck you porque solo pueden SER, si pisan al otro, odio que me duela estar mucho tiempo sentado también que se ensucien mis pies, no poder dibujar lo que quiero, porque tal vez la imaginación este muriendo y como en las historia interminable "la nada" se esté comiendo todo, odio que las sensaciones sean efímeras y que la música ya no suene igual, perderme en el tiempo y el espacio y que la vida a veces sea como un vaso de agua, sentís la necesidad de tomarla pero al final no sabe a nada...
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