Hace un tiempo, no podría precisar cuánto (seis meses, un año, más), emulando una escena de la película "Submarine" (Richard Ayoade, 2010), me preguntaba por razones para no suicidarme. Recuerdo haber esbozado tres "válidas".
La primera era que mi papá, mi mamá, mis hermanos y hermana, mi gata y, en general, todo o toda quien de algún modo me quisiera o apreciera no merecían sufrir nada por mí, además, sobre mi familia en especial, no quería que pensaran que era por su culpa o que fuese algo que podrían evitar. La segunda razón, a decir verdad, no la recuerdo con exactitud, pero creo que era el que yo, en realidad, no tenía ningún problema serio o que no había sufrido algo que realmente ameritara el suicidio. La tercera la he olvidado por completo.
Hoy me he repetido la pregunta con vehemencia: ¿por qué no suicidarme? (Y repetía con aún más vehemencia: "[...] un segundo de decisión y triunfarás sobre la miseria y la vergüenza".) Recapitulé las tres razones tal como las expuse arriba. De eso saqué una escabroza reducción: sólo queda una razón para no hacerlo, la primera, y lo cierto es que es una razón triste o, más bien, trágica: en sus consecuencias de eficacia, significa que en cuanto mueran mis padres, seguiré yo. Sobre la segunda, obviando que no estoy convencido si sí es la misma, pude rebatirla... Escribía Cioran: "No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde"; pareciera que con ello, aunque no refuerza mi razón, al menos la acompaña. Pero dentro de ese aforismo hay una trampa que se conjuga con mi segundo argumento para no hacerlo y resulta un argumento antitético que aboga por hacerlo: ¡no hay que dejar que se haga más tarde, cuanto antes mejor! Evitar el sufrimiento desde ya, y que el suicidio no se dé como su consecuencia sino como la forma de salirle al paso y tomar por sorpresa a las lágrimas y la miseria del mañana.
Y con eso sólo queda despedirme, decirles que los quiero, que no es su culpa y que traten de comprender. Entonces seré parte de las tres mil almas que se liberan cada día.
PS. Á. murió en octubre de 2023, y, desde entonces, no ha pasado un solo día en que no le piense.
PS. Á. murió en octubre de 2023, y, desde entonces, no ha pasado un solo día en que no le piense.

No hay comentarios:
Publicar un comentario